sábado, 21 de diciembre de 2019

VII

   La luz de la mañana
se hincha entre las hojas de la palmera.
El delicado canto
del primer mirlo, la postrera estrella
adornando la lejana espadaña.
¡El descanso, la apacible glorieta!
Borbotean las aguas cristalinas
sobre el mármol de la fuente serena.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Idilio renovado

No quise conocerte, pero te vi
tras los huecos que dejaste en tu figura,
quizás buscando una orilla
donde descansar del aire envenenado.
Quieto estuvo el mar
donde resonaron
los rumores de tu presencia.

Te miré sin querer saber de ti,
como un niño miedoso,
y a tu alrededor verdeaba la yerba
con la luz de abril,
bajo un sol en plenitud cuyos rayos

ardientes y violentos
iban desvelando la verdad de mi deseo.

Ahora, cuando quiero ser dueño de mi libertad
me hallo todo desordenado, inmerso en ti,

condenado a la verdad serena
de tus labios,
donde marcas el tiempo en cada beso estrechado
y donde todo es, al fin,
el comienzo de una ventura sin rumbo.

No debí mirarte la primera vez que apareciste.

A quién pretendo engañar…
Si quise conocerte desde el primer instante que te vi.

domingo, 1 de diciembre de 2019

V.

     Brisa del lago,
quieta,
bañada de horizontes,
¡cómo elevas, con deseo, mi ilusión!
     Gota del lago,
agitada, 
colmada de estrellas,
¡cómo huyes, sin sentido, con mi amor!

sábado, 23 de noviembre de 2019

Mirada


Mientras río y vuelvo a otro tiempo,
buscando la ilusión vaga de la primera juventud,
la luz va buscando entre los naranjos
un último lugar donde regar la atmósfera calmada.

Tú, elegante y frágil, me invitas a tu mundo
de torres, lagos y finos rayos,
dejándome entrever tu perfecta inseguridad,
trastocando los ecos de un canto que tiñe el aire 
con su melancolía.

Desaparece la soledad tras tu mirada,
porque hay atardeceres rojos, altos y serenos 
que dibujan en tus ojos pardos un cielo inmenso 
mientras nos abrazamos y aparto el cabello de tu cuello.

jueves, 14 de noviembre de 2019

La mañana de mediados de noviembre


Qué anodinas son estas mañanas. No llegan a ser grises porque quieren romper a blancas, haciéndome entornar los ojos cuando me asomo por el balcón. La urbanización está como siempre, en calma; sólo Balduino, el portero, interrumpe la estampa con sus tareas matutinas. Me siento con la intención de trabajar y me sirvo un café. Tardo tanto en acabármelo que el último tercio me lo bebo frío. Mientras trabajo voy escuchando rock. Mi madre me llama y nos entretenemos viendo cómo se pelean los dos gatos de la comunidad. En poco más de diez minutos dirán quién es el premio Cervantes. Veremos a ver quién es el premiado: las quinielas apuntan a que este año será un hispano peninsular. Qué anodinas son estas mañanas.


viernes, 18 de octubre de 2019

II.


Alguna vez, vencida la noche,
procuraste ser viento de un solo paisaje
como un reloj sin tiempo, como una pisada 
que la lluvia descose de tu memoria.

Nadie te conoce mejor que la espesura.
Ahora sabes que tus certezas lo son
porque aguardan a ser movidas,
deslumbradas por una tibia luz.

Todo está por caminar, 
pero tú ya sabes que en este paseo azul
donde los rayos del sol perfilan nuestros rostros,
donde nuestras verdades paran a balancearse,
perdurará la ilusión del verano recién inaugurado.

domingo, 13 de octubre de 2019

El camino y la figura


Hay un violín apoyado en la basa.
Dos espectros en cada hornacina -bajo el sol, claro el tono-
te recuerdan quién fuiste,
en tu huida particular hacia adelante.

Sólo la voz te sirve como instrumento
en un palacio de cristal, tratando de verte
reflejado en sus paredes.

Ya te lo dijeron a la entrada. Tu figura
permanece más allá, aguardándote en mitad
de la noche, en un camino sin despedida.

Mientras tanto, la poesía permanece ingrávida
entre retablos montañesinos, en un tiempo -el tuyo-
donde escribir es herir. En una travesía -la tuya-
donde amar es volver.

Prefacio

«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro. Disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro y gracia, que ésta me basta». Ignacio de Loyola (1491-1556).