viernes, 3 de abril de 2020

Viernes de Dolores

En su afán, una luz clara de mañana
ha profanado el dintel de la puerta.
Al fondo, la plata está vertida 
sobre un espeso mar de incienso.

Al pasar el umbral del coro, te cruzas
con rostros mezclados en tu recuerdo
junto a otros nuevos,
y escuchas la algarabía de las familias,
un oboe, un timbal, un tenor,
un violín esperando el sí de una campana
marcando las doce y cuarto,
y el llanto desvelado de un niño que antaño fuiste tú.

El eco de tus pisadas va marcando el ritmo
en el que luego cantarás el Ángelus.

Has aguardado este momento tantas veces
que el tiempo ha perdido su forma
para que puedas grabar este instante en tu alma.

Es Viernes de Dolores, hoy el presente te traspasa
mientras la Virgen del Valle, sola, quebrada de dolor,
llora en la cumbre su profunda pena.
En sus ojos verdes permanece, reflejada,
tu silueta deformada y centelleante
junto a la de los tuyos,
antes de que se apague la última vela
y te pierdas, junto a Ella, bajo el morado antifaz. 

domingo, 2 de febrero de 2020

Libertad

Igual que hay romances de años
o amores que duran días,
hay miradas que sonríen
y sonrisas que enamoran.

Cuéntame con tu mirada,
que me muestren tus labios
de qué se habla en tu patio
o el verdor de tu jardín.

Sigue cantándome,
que no hay verso más bonito
ni canción más profunda
que la estallante melodía de tu risa.

Desconfía de los rumores,
porque no me cautivan los balcones;
que hay fachadas ricas, llenas de adornos,
maestras del engaño y la conveniencia
con miseria entre sus paredes
y vecinos de cartón piedra.

Mientras tanto, 
yo,
que no soporto ver desordenados
mi pecho, mi vientre y mi nombre
por otra persona,
temiendo volverme un esclavo,
al verte
entiendo que no hay nada más puro
ni mayor libertad en esta vida
que la de tener como única patria
un pecho, un vientre, un nombre
correspondido, verdadero e infinito.

Si fuera preso de ese amor exaltado,
yo sería un feliz condenado.
Cuando nos terminemos el último vino,
amada carcelera, 
tira la llave de mi prisión
y disfrutemos de nuestra íntima libertad
hasta que se nos acabe el tiempo
y el viento nos lleve hasta el océano.

sábado, 4 de enero de 2020

Remordimiento

   Sin quererlo, me abruma el precipicio
del tiempo respirado…
La doliente penumbra del camino
sin horizonte claro.
   Qué cerca está el recuerdo del olvido,
como un sol milenario
que se vierte en el fondo del abismo
cuando llama el ocaso.
   Poco queda en el breve desvarío;
un gozo enamorado,
una mirada al pasado vacío,
una orilla y un prado.