Qué anodinas son estas mañanas. No llegan a ser grises porque
quieren romper a blancas, haciéndome entornar los ojos cuando me asomo por el
balcón. La urbanización está como siempre, en calma; sólo Balduino, el portero,
interrumpe la estampa con sus tareas matutinas. Me siento con la intención de
trabajar y me sirvo un café. Tardo tanto en acabármelo que el último tercio me
lo bebo frío. Mientras trabajo voy escuchando rock. Mi madre me llama y nos
entretenemos viendo cómo se pelean los dos gatos de la comunidad. En poco más
de diez minutos dirán quién es el premio Cervantes. Veremos a ver quién es el
premiado: las quinielas apuntan a que este año será un hispano peninsular. Qué anodinas
son estas mañanas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario