viernes, 18 de octubre de 2019
II.
Alguna vez, vencida la noche,
procuraste ser viento de un solo paisaje
como un reloj sin tiempo, como una pisada
que la lluvia descose de tu memoria.
Nadie te conoce mejor que la espesura.
Ahora sabes que tus certezas lo son
porque aguardan a ser movidas,
deslumbradas por una tibia luz.
Todo está por caminar,
pero tú ya sabes que en este paseo azul
donde los rayos del sol perfilan nuestros rostros,
donde nuestras verdades paran a balancearse,
perdurará la ilusión del verano recién inaugurado.
domingo, 13 de octubre de 2019
El camino y la figura
Hay un violín apoyado
en la basa.
Dos espectros en cada hornacina -bajo el sol, claro el tono-
te recuerdan quién fuiste,
en tu huida particular hacia adelante.
Dos espectros en cada hornacina -bajo el sol, claro el tono-
te recuerdan quién fuiste,
en tu huida particular hacia adelante.
Sólo la voz te sirve
como instrumento
en un palacio de cristal, tratando de verte
reflejado en sus paredes.
en un palacio de cristal, tratando de verte
reflejado en sus paredes.
Ya te lo dijeron a la
entrada. Tu figura
permanece más allá, aguardándote en mitad
de la noche, en un camino sin despedida.
permanece más allá, aguardándote en mitad
de la noche, en un camino sin despedida.
Mientras tanto, la
poesía permanece ingrávida
entre retablos montañesinos, en un tiempo -el tuyo-
donde escribir es herir. En una travesía -la tuya-
donde amar es volver.
entre retablos montañesinos, en un tiempo -el tuyo-
donde escribir es herir. En una travesía -la tuya-
donde amar es volver.
Prefacio
«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro. Disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro y gracia, que ésta me basta». Ignacio de Loyola (1491-1556).
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